Reflexiones sobre el concepto de ahimsa o no violencia

Ahimsa es el primero de los Yamas o preceptos para el comportamiento en la vida diaria que nos da Patanjali, en los Yoga Sutras, uno de los libros más importantes de la tradición del yoga, un texto muy antiguo (de hace aproximadamente 2000 años). Los Yamas nos muestran cómo deberíamos tratar a las personas que nos rodean. En este libro se definen los ocho pasos (ashtanga yoga) o peldaños que conforman la práctica de yoga. Según Patanjali, todo empieza por los Yamas, y el primero de los Yamas es ahimsa.

Ahimsa significa “no violencia, no hacer daño, bondad y compasión hacia todos los seres”. Representa una oportunidad para renunciar a la violencia, a la hostilidad, a la irritabilidad. No se refiere solamente a la violencia o al daño físico, sino también a los pensamientos que puedan ser violentos o negativos hacia otras personas o seres vivos. Se dice que estos pensamientos negativos son también una forma de violencia (cf. Judith Hanson). Y esto es importante porque si hay pensamientos negativos, no podremos estar en paz.

Entonces, practicar ahimsa implica no hacer daño a los demás. Por lo tanto, los demás (las personas que nos rodean) se verán beneficiados. Pero lo que no solemos tener en cuenta es que cuanto mejor tratemos a los demás, menos sufrimiento experimentaremos nosotros mismos. Con ahimsa, todo son ventajas.

Pero practicar ahimsa implica también no hacerse daño a uno mismo, es decir, desechar o tratar de distanciarse de los pensamientos negativos hacia uno mismo, de las actitudes y acciones que nos provocan daño o que van en contra de nuestra salud. Por lo tanto, cosas como el estrés, la falta de sueño, la mala alimentación, la presión constante, etc. serían formas de violencia hacia nosotros mismos. Muchas veces este tipo de daño no viene de acciones concretas y aisladas, sino de acciones que se perpetúan en el tiempo y que al final pueden llegar a dañar nuestra salud. Según Plillip Moffitt, la forma de liberarnos de la violencia hacia nosotros mismos es distanciarnos de este tipo de pensamientos mediante el conocimiento de la mente y su funcionamiento. Y este es el propósito del yoga, el control de la mente.

¿Cómo aplicar ahimsa durante la práctica de yoga?

¿Cuántas veces nos pasa que, por querer lograr una postura, añadimos tensión y presión al cuerpo, en lugar de quedarnos respirando en el lugar en el que estamos, respetando los límites de nuestro cuerpo físico, y dándole libertad para que se exprese dentro de sus posibilidades, sin forzar?

¿Cuántas veces nos enfadamos con nuestro cuerpo, o lo juzgamos porque no consigue llegar a algún lugar que hemos considerado “ideal”?, ¿acaso seremos mejores personas por llegar a conseguir no sé qué postura?

Durante la práctica, pongamos atención en:

Dejar que el cuerpo se libere, que a través del cuerpo salgan las emociones, frustraciones, miedos, que tengan que salir, pero sin ponerle más presión al cuerpo y cuidándolo siempre. De lo contrario, nos estaríamos olvidando de practicar ahimsa.

– Buscar la paz, hacer lo que sea necesario para estar en paz, a veces es necesario luchar o esforzarnos para encontrar la paz. Las asanas que favorezcan la apertura en el pecho/corazón y la conexión con anahata, el espacio de la ecuanimidad, el espacio del yoga y las asanas de apertura en las caderas (Utthan Pristhasana) pueden ayudarnos a conectar con las cualidades de ahimsa.

Practicar la bondad con nuestro cuerpo físico, sin forzar. Sentir los beneficios de lo que significa para ti estar en paz.

– Utilizar las armas de la conciencia y la sabiduría para eliminar los obstáculos que provocan conflictos.

Que tengas un día lleno de paz.

Referencias: