3 CLAVES PARA CALMAR LA MENTE

La calma mental es, hoy en día, una cualidad imprescindible si queremos vivir de forma consciente y plena en un mundo tan rápido. Como una vez me dijo una de mis maestras en Tailandia, la mente es rápida, pero el cuerpo es lento. Hay veces que nuestros pensamientos van a mil por hora y en general eso nos quita serenidad y foco. Según estudios científicos, se estima que tenemos unos 60.000 pensamientos diarios y la mayoría son negativos, repetitivos y del pasado[1].

¿Qué podemos hacer para tratar de calmar esos pensamientos?

El yoga es una herramienta que ayuda a buscar, encontrar y mantener esa calma mental tan deseada. Cada clase, cada práctica de yoga representa un espacio en el que conectar profundamente con nosotros mismos y con nuestro interior. Y es a través de esa conexión interna y autoconocimiento que empezaremos a cambiar y deshacer viejos patrones mentales y físicos para poder evolucionar hacia estados de mayor serenidad.

3 TÉCNICAS YÓGUICAS PARA CALMAR LA MENTE

  1. Llevar la atención hacia el cuerpo

Al inicio de las sesiones de yoga solemos dar la indicación de llevar la atención hacia adentro. Procuramos que, durante la práctica, toda nuestra atención se concentre en sentir nuestro cuerpo. Así logramos mayor concentración, ya que los sentidos están bajo control y no están dispersos en lo que pasa fuera. Esto es importante porque la mente humana tiende a distraerse y dispersarse por naturaleza.

Cuando practicamos yoga lo hacemos tratando de estar en permanente conexión con nuestro cuerpo, escuchándolo y sintiéndolo en su totalidad. Esto nos brinda, además, la capacidad de adaptar cualquier movimiento para respetar nuestro cuerpo siempre, sin forzar ni sobrepasar nuestros límites. Si llevamos la atención hacia el cuerpo estaremos en condiciones de determinar qué acciones son las más adecuadas, qué movimientos y posturas nos sientan mejor, si hay algo que debamos evitar o adaptar debido a posibles lesiones, al momento del día o del ciclo menstrual, o a cómo nos sintamos en una determinada etapa de nuestras vidas.

La percepción del propio cuerpo, tanto de lo que está pasando adentro (la respiración, los latidos del corazón, etc.) como de lo externo (el cuerpo en el espacio, las partes que están en contacto con el aire y con el suelo o la esterilla) cobra mucha importancia y contribuye a que la práctica sea segura y efectiva.

 

  1. Llevar la atención hacia la respiración

La respiración es uno de los aspectos que distingue la práctica de yoga de la práctica de ejercicio físico. Cuando la mente se enfoca en la respiración, los pensamientos y el sistema nervioso tienden a calmarse, logrando una mayor quietud y claridad mental.

Durante la práctica de Vinyasa Yoga ponemos énfasis en combinar el movimiento con la respiración. Es decir, un movimiento comienza cuando se inicia la inhalación y termina cuando finaliza esa inhalación; el siguiente movimiento comienza cuando se inicia la exhalación y termina cuando finaliza esa exhalación. Y así vamos enlazando movimientos y respiraciones en una danza continua y fluida. Fijarnos en nuestra respiración nos aporta muchos beneficios. Al observar cómo estamos respirando llevamos conciencia hacia nuestro cuerpo y cultivamos la capacidad de dirigir el aire hacia zonas específicas.

La respiración es, además, el vínculo esencial entre el cuerpo y la mente. Cuando respiramos en nuestro cuerpo de forma consciente, se completa ese vínculo entre el cuerpo, la respiración y la mente.

 

 

  1. Conectar con el momento presente

Llevar la atención hacia el cuerpo, hacia la respiración y hacia nuestro interior nos ayuda a conectar con el momento presente y a observar cómo nos sentimos realmente, tratando de dejar fuera posibles juicios de valor y aceptando “lo que es”. Esto podemos hacerlo tanto si nos movemos como si estamos sentados o quietos, como una meditación en quietud o en movimiento.

La práctica de yoga es, además, una forma de tomarnos un descanso de las tareas diarias y de proporcionarnos un tiempo y un espacio propio de autocuidado y conexión interna.

Todo esto sin duda tiene un efecto en cómo nos sentimos después de practicar y también puede influir directamente en la percepción de nosotros mismos y del mundo que nos rodea, en nuestra capacidad de concentración y, por tanto, en nuestra sensación global de bienestar.

La próxima vez que practiques asanas, meditación o técnicas de respiración o de relajación, fíjate en tu mente y en el tipo de pensamientos que surgen. Simplemente obsérvalos sin juzgar.

¿Cómo está la mente y cómo te sientes antes de comenzar?,  ¿cómo están los pensamientos y cómo te sientes durante la práctica?,  ¿y al terminar?, ¿percibes las diferencias?

Esa es la magia del yoga.

 

 

[1] https://www.lavanguardia.com/vida/20120321/54271769272/sharon-koenig-ciclos-del-alma-entrevista.html

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