¿QUIERES SABER POR QUÉ ME ACERQUÉ AL YOGA?

Me acerqué al yoga en el año 2007 porque sentía una profunda curiosidad por esta disciplina, y me apunté a clases regulares en Barcelona, donde vivía. Enseguida me enganché porque empecé a notar los beneficios muy pronto. Me sentía muy, muy bien durante y después de las clases. La segunda profesora que tuve, Amelie Strecker, se convirtió en mi maestra. A los pocos meses me apunté a un retiro de un fin de semana con ella. Con el tiempo, me fui de Barcelona, pero seguí practicando con otros profesores en Tailandia, donde viví una temporada. También recibí clases regulares y asistí a talleres, cursos, intensivos y retiros en India, Bali, Irlanda y en España.

A los 33 años tuve un momento de crisis personal. No sabía qué hacer con mi vida. Y fue en verano, después de un maravilloso e intenso retiro de yoga en Cádiz cuando decidí formarme como profesora, no tanto con la intención de enseñar, sino para profundizar en mi práctica y en mis conocimientos. Esa decisión me cambió la vida.

En 2016, una vez terminada mi primera formación de 200 horas con mi maestra en Barcelona, regresé a Pontevedra para quedarme a vivir. Unas amigas, a quienes estaré eternamente agradecida, me pidieron que les diera una clase. Era septiembre y pudimos hacerla en el parque. Fue a partir de esas primeras clases, a las que acudía con tantas dudas, pero con muchísima ilusión, cuando me di cuenta, al comprobar lo bien que se sentían mis alumnos después de las sesiones, de que quería seguir indagando en el campo de la enseñanza y sentí que necesitaba transmitir el yoga a más personas. Tuve la gran fortuna de encontrar fácilmente un par de salas, en un coworking y en un centro cultural, y los grupos comenzaron a llenarse.

A día de hoy, mi enseñanza y mi práctica personal, como es lógico, han evolucionado y siguen haciéndolo. Es mi intención que mi enseñanza se mantenga siempre cuidadosa, responsable, auténtica, y que actúe a un nivel profundo. En mis clases quiero transmitir:

  • La importancia de la gratitud hacia la vida, hacia nuestro cuerpo, que nos permite practicar yoga; hacia nuestra salud física, mental, emocional; hacia los demás seres, hacia la Naturaleza.
  • La importancia de la humildad. No ir demasiando lejos demasiado pronto. Ser conscientes del camino y de la evolución que está por venir. No tener prisa.
  • La calma mental como cualidad imprescindible para vivir de forma consciente y plena en un mundo tan rápido.
  • La práctica de yoga como una herramienta que contribuye a buscar, encontrar, mantener y reencontrar el equilibrio.
  • La responsabilidad y la entrega como elementos fundamentales para consolidar una rutina de práctica que funcione y resulte útil y provechosa.

Gracias a mi práctica diaria y a mi estudio continuado, sigo nutriéndome para poder seguir aportando a mis alumnos lo mejor de mí, a través de mi voz y mi cuerpo, para guiarles de manera clara y sencilla, siendo un mero vehículo que se limita a transmitir las enseñanzas y las diferentes técnicas, entre las que destacan:

  • asanas (posturas), para un cuerpo fuerte y flexible y para mantener sanas las articulaciones, la espalda… todo el organismo;
  • pranayama (trabajo con la respiración) para regular le mente y las emociones y para conectar, a través de la respiración, cuerpo y mente;
  • concentración, meditación, mudra, mantra.

Sé por experiencia que, con motivación, disciplina y constancia, todo llega. Aunque haya desafíos, estos nos ayudan a crecer. Si, al terminar una sesión conmigo, mis alumnos están en un estado de mayor relajación, satisfacción, equilibrio y sienten que con su práctica están potenciando su propio autocuidado y autoescucha, soy la profesora más feliz del mundo. Y tú, ¿te animas a contarme por qué te acercaste al yoga?

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